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1ra. Edición

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La pasión por este deporte se manifiesta de muchas maneras: aventando las banderas con leyendas únicas, alentando aunque el equipo no sea el soñado o cuando los resultados no acompañan, y hasta sacrificando una jornada de trabajo para seguir a la pasión de local o de visitante. Esos son los verdaderos hinchas de un club, no importa si son socios privilegiados, tiene palcos en cualquier estadio o las cámaras compradas durante una transmisión. Pero el tema de los barras es diferente, son ladrones natos con el rótulo que le correspondería a la seguridad, por derecho y por contrato.

 

Aún así, siempre existen excepciones a la regla y muchas veces nos cuestan un prejuicio. Como el ambiente futbolístico es una extraña mezcla de clases, a diferencia de la exclusividad del tenis, la violencia comienza a subir estratos y finalmente se derrama por toda la sociedad. Por eso el año pasado el fútbol estaba destinado a extinguirse, y ahora la historia vuelve a repetirse. La corriente apunta hacia el COPROSEDE y hacia el propio Javier Castrilli, buscando que admita que fracasó en su tarea de controlar la situación.

 

La cuestión es que volvimos a tropezar con la misma piedra: amenazas a dirigentes, vidrios rotos, reclamo absurdo por entradas... y hasta violencia en las calles antes de un partido. ¿Les suena familiar? Sí, la pelea en la que participaron hinchas de Talleres (RE) y Los Andes no creo que se olvide tan fácil, por lo menos no lo harán los vecinos y los comerciantes de la zona. Dicen que fue culpa de la policía, porque las hinchadas llegaron a cruzarse y esto implica, por lo menos, un grave error de planificación. Igual no me sorprende.

La policía siempre se caracteriza por su incompetencia dentro y fuera de los estadios, pero siempre hay excepciones... El clausura dejó a un lado la segunda fecha, pero la violencia no termina de desatarse. Esta vez las fichas estaban puestas en Rosario, porque las hinchadas tenían antecedentes mortales y a los de seguridad les empezaron a temblar las manos antes de tiempo. Lo que todos temían (y algunos esperaban, indirectamente) sucedió: los animales de la platea de Newell's, no conformes con el resultado, dejaron salir su instinto y las piedras hacia el sector visitante, donde se encontraba la parcialidad de River Plate.

 

Dentro de la cancha los jugadores trataron de "unirse" a sus hinchas, evitando que se muestren los pedazos de fierro que caían al campo de juego. En fin, los medios seguirán ocupados un tiempo más con la crisis institucional de River y todo volverá a ser como antes...¿o peor? Animales como estos andan sueltos por todos lados y nosotros seguimos con los mismos problemas y los mismos errores. ¿Habrá alguna excepción a la regla?

Por rebel_santa_fe