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La decadencia
del Cine fantástico
Por Eduardo Chinasky
Del mito a la alegoría
Beowulf, la leyenda (Beowulf). EE.UU., 2007. Dirigida por
Robert Zemeckis. Animación por sistema de motion capture. Con
Ray Winstone, Anthony Hopkins y Angelina Jolie.
Soy leyenda (I Am Legend). EE.UU,, 2007. Dirigida por
Francis Lawrence . Con Will Smith.
Dos botones de nuestra. Estos dos filmes están reseñados juntos
no por capricho, sino porque los dos son excelentes síntomas del
estado actual del cine mainstream norteamericano. En estas dos
muestras de un botón, cada uno de sus planos están puestos al
servicio de una proeza de la imagen y no de una narración
dispuesta a conmover, ni siquiera a entretener. Yendo al primer
caso, Beowulf, con la digitalización de los actores se
obtiene algo que no se justifica artísticamente, un limbo que no
se justifica tampoco como obtención de la fuerza que tiene la
ilusión de lo real. Entonces, ¿la fuerza es belleza? Si es así,
no hay un solo plano bello en todo el film.
Un cine conductista. Es -otra vez sopa- en ambos casos el
triunfo del conductismo en el cine, en donde toda imagen, todo
sonido, todo diálogo, está puesto ex profeso para provocar una
reacción del espectador; que el sujeto, convertido en perfecto
ejemplar de perro pavloviano, no pueda elaborar sus emociones
por sí solo (objetivo primario de toda obra artística), sino
teniendo como guía sensorial al filme, más pasivo que nunca,
como una marioneta.
Como el cangrejo. El grado de involución imaginativa del cine
mainstream es alarmante, en los dos ejemplos citados: la
narración deja paso al despliegue de efectos especiales. Lo que
se podría llamar ficcionalización del Mito, es un recurso
desesperado contra la cada vez más poderosa trivialización de la
imagen, llámese el tiempo postapocalíptico (Soy Leyenda),
los mitos fundacionales (Beowulf), etc. Pero, como
sabemos, el mito no cobra vida si no es a través de la ficción
que lo contenga, cifrado pero no citado, diseminado, quizás,
pero nunca explicitado.
Mito y alegoría, la pendiente. En este film el Mito es tomado
como imagen en bruto, vaciándolo de sentido, succionándole su
espíritu, aquello que lo hace vivir. Tomados como bloques sin
pulir, el primer héroe inglés y el último hombre sobre la Tierra
no se convierten entonces en Mitos trascendentes (en el sentido
cultural, claro), sino en puras imágenes trivializadas por el
cliché. Las causas son muchas, pero quizá la principal es que el
cine de los últimos años educó a cierta parte del público a
recibir lo fantástico siempre que se le quitara su carácter
trascendente. Es esta misma industria que hoy margina las obras
de otros directores (Ej.: Carpenter), donde lo fantástico osa
decir su nombre y donde lo mítico forma parte de la narración
ajustándose a su puesta en escena, nunca subrayado ni mucho
menos alegórico.
De lo fantástico al cliché. La fábula moralizante y la alegoría
son fácilmente detectables, aún para el menos iniciado de los
espectadores. O sea que si este mismo cine continúa,
paradójicamente, convirtiendo a lo fantástico en cliché, el
futuro inmediato del cine narrativo no tiene mayores esperanzas,
salvo en manos de un puñado de autores -que cada vez son menos-
que por diversos motivos son marginados por las grandes
producciones. Resumiendo, si el cine no reafirma su carácter
onírico-fantástico será muy difícil que la narración llamada
clásica pueda ser entendida (en un nivel puramente
fenomenológico) en los tiempos futuros. No es casualidad que el
cine considerado de nivel, o independiente (hoy realizado por
los países periféricos), está confinado a las “salas especiales”
o a los museos. En pocas palabras, si el cine sigue aceptando
los límites del imaginario colectivo de sus contemporáneos,
hechos de clichés televisivos y de publicidad, caerá en una
asimbolia imaginativa que no podrá ser ocultada por los ruidosos
efectos especiales y otras trampas tecnocráticas.
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